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ODS en la universidad: cómo introducirlos, evaluarlos y que dejen huella en cada estudiante

Qué son los ODS y por qué importan en la universidad, cómo introducirlos sin crear una asignatura, cómo evaluarlos y cómo medir el impacto de las iniciativas de los estudiantes sin quedarse en el informe institucional.

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Entra en la web de casi cualquier universidad de Latinoamérica o España y busca los diecisiete cuadrados de colores. Están: en la página de responsabilidad social, en la memoria anual, a veces en el pie de cada facultad. Ahora busca a un estudiante concreto y pregúntale en qué Objetivo de Desarrollo Sostenible trabajó el semestre pasado, con quién, qué hizo él y qué cambió. Si la respuesta es un silencio, la institución tiene los ODS en la web. No los tiene en el aula.

Este artículo responde, en orden, a lo que se suele buscar: qué son los ODS y por qué importan en la universidad, cómo introducirlos, cómo evaluarlos y cómo medir el impacto de las iniciativas sostenibles de los estudiantes. Y en cada respuesta insiste en lo mismo: los ODS le sirven a una institución educativa cuando le pasan a cada estudiante, y eso solo se sabe si deja huella.

Qué son los ODS y por qué llegaron a la universidad (respuesta corta)

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son los diecisiete objetivos de la Agenda 2030 que la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en septiembre de 2015, con 169 metas, para acabar con la pobreza, proteger el planeta y garantizar prosperidad para todos. Van desde el fin de la pobreza (ODS 1) hasta las alianzas para lograr los objetivos (ODS 17), pasando por educación de calidad (ODS 4), igualdad de género (ODS 5), acción por el clima (ODS 13) o ciudades sostenibles (ODS 11).

La educación aparece dos veces. Como objetivo propio, el ODS 4, cuya meta 4.7 pide que todos los estudiantes adquieran los conocimientos y las competencias necesarias para promover el desarrollo sostenible. Y como condición de todos los demás: la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) publicó en 2017 la guía Getting started with the SDGs in universities, que sitúa a la universidad en cuatro frentes: docencia, investigación, gobierno y operaciones, y liderazgo hacia fuera. Desde 2019, el Impact Rankings de Times Higher Education mide a las universidades precisamente contra los ODS, y en la región redes como SDSN México, SDSN Andes o URSULA, y en España CRUE Sostenibilidad y la REDS, llevan años ordenando la conversación.

Es decir: los ODS no llegaron a la universidad como una moda de comunicación. Llegaron como un marco compartido para responder a una pregunta que toda institución educativa debería poder contestar: ¿para qué mundo estamos formando a esta gente?

La importancia de los ODS en la universidad: tres razones y una trampa

Dan sentido a lo que se aprende. Un estudiante que entiende que la estadística que estudia sirve para medir la calidad del agua de su municipio (ODS 6), o que la contabilidad de costes sirve para que una cooperativa agrícola sobreviva (ODS 8), tiene la condición que Ausubel llamaba disposición para aprender: relaciona lo nuevo con algo que le importa. Es la puerta del aprendizaje significativo.

Conectan a la institución con su entorno. Cada ODS tiene, a diez kilómetros de cualquier campus, una organización que trabaja en él: un ayuntamiento, una ONG, una empresa con un problema ambiental, un centro de salud. Los ODS son el idioma común que permite que esa organización plantee un problema real y que la universidad lo convierta en experiencia de aprendizaje.

Forman a la persona, no solo al profesional. La meta 4.7 no habla de empleo; habla de ciudadanía, derechos humanos, cultura de paz y diversidad. Una universidad, una escuela o un centro de formación técnica que trabaja los ODS en serio está diciendo que el aprendizaje transforma a quien aprende y, a través de él, al lugar donde vive.

La trampa. Las tres razones anteriores tratan del estudiante. Pero la mayor parte del trabajo institucional sobre ODS trata de la institución: cuántas asignaturas “tocan” cada objetivo, cuántas toneladas de CO₂ ahorra el campus, en qué puesto del ranking quedamos. Todo eso es legítimo y se puede medir bien. El problema es que se puede tener un informe de sostenibilidad impecable y ningún estudiante que sepa decir qué hizo él. Cuando pasa eso, los ODS se han convertido en una etiqueta de la institución en lugar de en una experiencia de las personas.

Dos niveles de trabajo con los ODS: la institución informa, el estudiante deja huella

Cómo introducir los ODS en la universidad sin crear una asignatura

El error más frecuente es crear una materia transversal de “sostenibilidad” que se cursa una vez, se aprueba y se olvida. Los ODS entran mejor por las experiencias que ya existen, con cuatro vías que no requieren reforma curricular:

1. Relacionar lo que ya ocurre. Casi todo programa tiene prácticas, proyectos de asignatura, trabajos de fin de grado, semanas de innovación. Antes de crear nada, pedir a cada docente que señale a qué ODS se acerca de forma natural cada una de esas experiencias. El mapa suele sorprender: ya se trabajaban ocho o diez objetivos sin nombrarlos.

2. Retos con organizaciones del entorno, anclados a un ODS. Una empresa de alimentación plantea reducir su merma (ODS 12); un ayuntamiento quiere saber por qué la gente no usa el carril bici (ODS 11); un hospital comarcal necesita entender por qué los pacientes crónicos abandonan el tratamiento (ODS 3). El reto trae el ODS incorporado y trae también a alguien de fuera que espera la solución. Es el formato con mejor relación entre esfuerzo institucional y huella en el estudiante, y la manera más directa de que los convenios firmados produzcan algo.

3. Aprendizaje-servicio. Cuando el problema lo plantea una organización social y la solución se implementa con ella, el ODS deja de ser un cuadrado de color y pasa a ser una persona con nombre a la que el trabajo del estudiante le cambió algo.

4. Colaboración internacional en línea (COIL). Un equipo mixto de una universidad mexicana y otra española comparando la gestión del agua de sus ciudades trabaja el ODS 6 y el ODS 17 sin que nadie coja un avión, y añade la competencia intercultural.

Las cuatro vías funcionan igual en una escuela (el barrio es el entorno; la medición del aire de la calle, el reto) o en un centro de formación técnica (el taller que cede un motor, la cooperativa que necesita una instalación solar). Lo que cambia es la escala, no la lógica: el aprendizaje sale del aula, toca un problema real y compromete a la persona.

Cuatro vías para introducir los ODS sin reforma curricular

Cómo evaluar los ODS en la universidad: del informe institucional a la huella por estudiante

Aquí conviene separar dos preguntas que se confunden.

¿Cómo evaluar el compromiso de la institución con los ODS? Con los indicadores que ya existen: la metodología del Impact Rankings, los marcos de SDSN, los informes de CRUE Sostenibilidad o de URSULA. Miden políticas, investigación, operaciones y alcance. Son útiles para el consejo y para la acreditadora, y no hace falta inventar nada.

¿Cómo evaluar lo que los ODS le hicieron a cada estudiante? Esto casi nadie lo mide, y es lo que importa. Una experiencia anclada a un ODS deja huella evaluable si se ejecuta con las piezas que hacen que cualquier experiencia la deje:

  • Punto de partida individual. Antes del equipo, cada estudiante registra qué sabe y qué piensa del problema. Es el “antes” con el que comparar.
  • Fases con entregas. El proceso queda visible, no solo el resultado final, y si la IA generativa intervino en el entregable, las fases muestran qué sabía el equipo antes de pedírselo.
  • Contribución individual y evaluación 360°. Quién hizo qué, valorado por el propio estudiante, por sus compañeros, por el docente y por la organización que planteó el problema. Sin esto, la nota grupal no cuenta lo que le pasó a cada uno.
  • Relación con competencias y con el ODS. Cada evidencia se asocia a la competencia del perfil de egreso que desarrolló (pensamiento crítico, colaboración, compromiso ético) y al ODS en el que se trabajó.

Con esas cuatro piezas, la institución puede responder por fin a la pregunta del principio: en qué ODS trabajó este estudiante, con quién, qué hizo él y qué cambió. Y puede agregar esa respuesta por cohorte y por programa, que es lo que convierte el informe institucional en algo que habla de personas.

HoyCon huella
Los ODS están en la web y en la memoria anualLos ODS están en experiencias concretas con organizaciones concretas
Se cuenta cuántas asignaturas “tocan” cada objetivoSe sabe qué hizo cada estudiante en cada ODS y qué competencia desarrolló
El informe de sostenibilidad habla de la instituciónEl perfil de egreso de cada estudiante incluye su huella en los ODS
Las iniciativas estudiantiles se documentan con fotos y una notaLas iniciativas dejan punto de partida, proceso, contribución y valoración externa
El convenio con el ayuntamiento existeEl convenio produjo tres retos este semestre, con evidencia de lo que cambió

Cómo evaluar el impacto de las iniciativas sostenibles de los estudiantes

Es la pregunta más honesta y la más difícil. Tres miradas, y ninguna basta sola:

Impacto en el entorno. Lo dice la organización que planteó el problema, no la universidad: si la merma bajó, si el carril bici se usa más, si la cooperativa instaló el sistema. Conviene pedirlo por escrito al cierre de la experiencia y, cuando se pueda, meses después. Casi nunca será espectacular; casi siempre será real, y eso ya es más de lo que deja un trabajo de aula.

Impacto en el estudiante. Se ve comparando el punto de partida individual con la reflexión final, y lo que dijeron de él quienes trabajaron con él. No es una encuesta de satisfacción; es la huella de un cambio en lo que sabe, en lo que sabe hacer y en cómo se sitúa ante el problema.

Impacto en la institución. Es el agregado de los dos anteriores: cuántas experiencias con organizaciones reales, en qué ODS, con qué competencias desarrolladas y con qué valoración externa. Ese agregado sí puede ir al informe de sostenibilidad y al ranking. La diferencia es que ahora detrás de cada cifra hay estudiantes con nombre.

Lo que esto no significa

No significa poner el logo de un ODS en cada asignatura. Eso es lo que hoy se hace y lo que no deja huella. Anclar una experiencia a un ODS significa que el problema real que la origina pertenece a ese objetivo y que alguien fuera del aula lo confirma.

No significa más burocracia para el docente. Las cuatro piezas estructuran lo que ya ocurría (proyectos, prácticas, semanas de innovación) y la mayor parte de la huella la generan los estudiantes y la organización externa. La IA puede sugerir a qué ODS y a qué competencias se acerca una experiencia, o proponer criterios de evaluación alineados; la decisión de diseño y la evaluación de cada estudiante son del docente, siempre.

No significa que el ranking sea el objetivo. Un buen puesto en el Impact Rankings es una consecuencia bienvenida de que los ODS le pasen de verdad a los estudiantes. Perseguirlo directamente produce informes; perseguir lo otro produce personas, y además informes.

Por dónde empezar

Tres preguntas para saber dónde está tu institución:

  1. Elige un estudiante de último año al azar. ¿Puedes decir en qué ODS trabajó, con qué organización, qué hizo él y qué cambió?
  2. De los convenios con ayuntamientos, empresas y organizaciones sociales firmados este año, ¿cuántos produjeron una experiencia con estudiantes anclada a un ODS?
  3. Las iniciativas sostenibles de tus estudiantes, ¿dejan punto de partida, proceso, contribución individual y valoración externa, o dejan fotos y una nota?

Si alguna respuesta es no, los ODS pueden estar en tu web y en tu memoria anual, pero todavía no están en tus estudiantes. Y ahí es el único sitio donde cambian algo.

BeChallenge es el ecosistema tecnológico y pedagógico con el que tus docentes y tu oficina de vinculación hacen que cada reto con una organización del entorno, cada práctica y cada proyecto de aprendizaje-servicio deje evidencia del perfil de egreso, con el ODS y las competencias asociadas a cada estudiante, y con un catálogo de retos que hace que los convenios produzcan. El trabajo con los ODS es de tu institución; nosotros ponemos el método, la plataforma y el acompañamiento. Si quieres verlo con un problema real de tu entorno, reserva una Challenge Week.

Referencias

  • Naciones Unidas (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Resolución A/RES/70/1. Leer
  • SDSN Australia/Pacific (2017). Getting started with the SDGs in universities: A guide for universities, higher education institutions, and the academic sector. Leer
  • UNESCO (2020). Educación para el desarrollo sostenible: hoja de ruta (EDS para 2030). Leer
  • Times Higher Education. Impact Rankings: methodology. Leer
  • CRUE Sostenibilidad. Compromiso de las universidades españolas con la Agenda 2030. Leer
  • URSULA, Unión de Responsabilidad Social Universitaria Latinoamericana. Leer