Inteligencia Emocional

La “inteligencia emocional” es un concepto que fue acuñado por los psicólogos Salovey y Mayer en 1990 y se define como:

La inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones, para promover crecimiento emocional e intelectual. (Salovey y Mayer, 1990, p. 10)

Asimismo, la inteligencia emocional hace referencia a un pensador con un corazón” que percibe, comprende y maneja relaciones sociales. No obstante, el fundamento previo al desarrollo de este concepto, se encuentra bajo las Inteligencias Múltiples de Howard Gadner (1983). Gadner propuso que la vida humana requiere del desarrollo de varios tipos de inteligencia y no solo de una. Por lo que la inteligencia abarca mucho más que cuestiones puramente cognitivas.

La popularización del término se debe a la obra de Daniel Goleman denominada “Inteligencia emocional” (1995). Goleman define la inteligencia emocional “como la habilidad de comprender y manejar nuestras emociones y las de quienes nos rodean, en la forma más conveniente y satisfactoria” (1995, p. 43-44).

Goleman plantea la inteligencia emocional como sinónimo de personalidad o habilidades blandas conocidas, también, como Soft Skills y son, especialmente, las que se potencia en BeChallenge. Son habilidades que tienen que ver con la personalidad, la empatía, la comunicación y el trabajo en equipo. Pero, igualmente, la inteligencia emocional supone la capacidad para reconocer nuestros sentimientos y los ajenos, de motivarse a uno mismo y manejar nuestras emociones.

En este sentido, las emociones son un aspecto esencial de nuestra vida cotidiana, ya que, por un lado, proporcionan la activación y la coordinación de los cambios cognitivos, físico-motores y conductuales imprescindibles para dar respuesta a las demandas del medio y, por otro lado, influyen en nuestra toma de decisiones.

Goleman clasifica la inteligencia emocional en dos facetas:

  1. Inteligencia personal: es el modo es que nos conocemos y nos relacionamos con nosotros mismos. Consiste en:
    1. Conocer las propias emociones: hace referencia a la capacidad de identificar y conocerse a uno mismo.
    2. Manejar las emociones: la habilidad de controlar nuestras propias emociones, es decir, pensar antes de actuar.
    3. Auto-motivación: una emoción conlleva a impulsar hacia una acción. Por ello, emoción y motivación están estrechamente relacionadas
  2. Inteligencia interpersonal: esta determina el modo en que nos relacionamos con los demás.
    1. Empatía: consiste en ponerse en el lugar de otra persona.
    2. Habilidades sociales: es la destreza de manejar las relaciones con los demás.

De esta manera, la inteligencia emocional es un aspecto esencial para el autoconocimiento y la interacción social, y establece una estrecha relación con la motivación. Por lo tanto, puede tener una gran influencia sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje.

A su vez, este tipo de inteligencia un juega un papel relevante en el éxito personal como profesional, siendo, incluso, mucho más importante que el cociente intelectual. Asimismo, la inteligencia emocional está, mayormente, vinculada a todo, siendo una herramienta clave para la motivación y rendimiento del estudiante.

Por ello, en BeChallenge se presta atención a la inteligencia emocional, ya que la motivación es el principal motor para que los estudiantes participen en un reto. De esta manera, el discente que está motivado, está comprometido activamente en el proceso de aprendizaje, se compromete a resolver el reto y se esfuerza por llevarlo a cabo. Por lo que este tipo de inteligencia influye directamente en el rendimiento académico del alumnado.

El estado de humor influye claramente en la disposición del individuo, desde el optimismo, la alegría o el entusiasmo al pesimismo, la tristeza o la desilusión, favoreciendo la consideración de múltiples puntos de vista. Por lo tanto, los estados emocionales facilitan las distintas maneras de afrontar las actividades o tareas. Por ejemplo, el bienestar facilita la creatividad.

De ahí que, en BeChallenge se preste especial atención al registro de las emociones o sentimientos de cada estudiante al iniciar sesión (conocer las propias emociones), ya que, de esta manera, proporciona al docente la información necesaria acerca de cómo se llevará a cabo el proceso de aprendizaje, en base al estado de ánimo de sus discentes. A su vez, mediante esta información, el docente conocerá qué les motiva y cómo se comportan los estudiantes cuando se sienten entusiasmados, así como elegir el camino más apropiado para ellos.

Además, como el aprendizaje basado en retos es uno de los elementos clave que conforma la metodología de BeChallenge, este enfoque involucra de manera activa, intelectual, creativa, emocional, social y física a los participantes en una situación real, generando en ellos sentimientos que pueden influir directamente en la creación de aprendizaje, por lo que la inteligencia emocional forma parte de este enfoque.

Es muy importante entender que la Inteligencia Emocional no es lo opuesto a la inteligencia, no es el triunfo del corazón sobre la cabeza, es la intersección de ambas”. (David Caruso).

Bibliografía:

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